Parangaricutirimícuaro

sábado, 11 de mayo de 2013

La Posibilidad del Sentimiento


La posibilidad está: está en la mirada. Te dice "¡ven! te quiero acariciar"

Pueden pasar los años, sucederse los tiempos, cambiar los estados personales e incluso la propia percepción de la realidad. Pueden transformarse los gusanos, secarse los ríos y estallar las estrellas; y a veces también pueden renacer los pensamientos, descubrir nuevas sensaciones y compartir la elegancia de la naturaleza. Puede todo llegar a ser el polvo que en su momento fue, puede todo llegar a ser la obra maestra que una vez se creó con el propósito de ser observada, puede que ya nada sea lo que uno cree. En todo caso, nos queda algo, algo nos queda que somos, que somos lo que nos queda en nuestro interior, cuando a pesar de que todo sea impermanente, algo que somos nos queda...



Se me hizo tan familiar...
miré pero no sabía a dónde,
en cada ojo distinguía mundos, en cada respiración un saludo,
sentí, que nada iba a ser igual, que todo volvería a comenzar.
Fallé en la expectativa, no pude no dejarme llevar
por las olas de lo que sucediera, de la tormenta de la calamidad
catástrofes, extrañezas, resquebrajos, rompetechos, suelotiernos
¿quién quiso creer que buscando llegaría hasta el centro?
nunca recordaré tanto como cuando soñaba en galope;
las montañas crucé, traspasé los aires, viajé lejos
hasta el lugar más cercano de nuestras incisiones
donde dicen que duele, duele hasta amar
amarrar los hilos de plata que nunca se rompen.
Pero busqué y busqué, un puerto o un "supongo"
o una sensación de las de electricidad
o una comprensión extraterrestre
o una solidaria mano acariciándome la columna vertebral
vértebra a vértebra, conociéndome hasta los huesos...
no me duele ni me hace cosquillas, sólo quiero entrar
en el adentro, por la puerta de siempre que se presenta
en las horas en las que no existe el tiempo
en las luces que ciegan al necio
en las últimas cosas que se compartieron
por ser las cosas más bellas de este momento
porque de no ser por nosotros, nadie hubiera nacido así
como somos, inocentes del ejercicio de inocencia.
La humildad ante los ya postrados es la única diligencia
agradecer a los agradecidos, o soltarse como los soltados
¿Quién puede hablarnos del perdón?
¿Quién puede preguntar acaso?
Escucharé por lo menos las líricas de los cuentos
pues transportan sabores cromáticos y después
oiré los gritos de estómago, de leones y lobos luchando
contra sus peores pensamientos, sus iras que quedarán
hechas polvo, como la tierra y las estrellas
polvo mágico, polvo de huesos
porque siempre quiero llegar bien hondo
hasta la médula, donde duele
pero hace cosquillas
y te ríes
de lo tonto
que ha sido
dolerse de una queja.
Porque no hay risa sin llanto
ni alegría sin pena,
porque de aquí parto a otro destino
semejante al de ahora aunque nunca visto
un destino que no puedo conocer como las demás historias.
Una deshistoria real, contada hacia atrás, de vuelta a la infancia...



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