Parangaricutirimícuaro

sábado, 31 de marzo de 2012

Sensación de éxtasis

Cada vez que me paro sobre el ordenador, y sobre este blog en el que trato de escribir mis experiencias y pensamientos, suelo olvidarme de un aspecto que conviene tomar en cuenta para, por lo menos, empezar a conocerse a uno mismo.
¿A quién estoy escribiendo?
Más bien, siento que durante mucho tiempo, es lo que he estado evitando responder o reflexionar; pero por supuesto, siempre ha sabido, alguien o mi mente, traerlo a la bandeja cada vez que he querido "crear" alguna cosa. Es decir, cuando me he puesto a escribir sobre algún interno movimiento, o he querido pintar en las paredes alguna clave de la naturaleza, o he sentido las cuerdas de una guitarra sobre mi alma, invariablemente mi cabeza ha estado aceptando el hecho de que "soy yo quién crea", y desde ahí, he intentado crear algo, que hasta hoy, ha intentado conmoverme. Siempre he supuesto que soy yo el que creaba, y ello me ha encaminado a los senderos del ego vanidoso que siempre había gustado de ser el centro. Son caminos tortuosos, complicados cuanto menos, y además producen dolor en el cerebro, como migraña. Uno de pronto se encuentra en un laberinto del que no puede salir porque sería destruir o dejar de imaginar un laberinto que con tanto esmero hemos creado, y aunque tienda a escribir en plural, quiero mencionar, y esto está en relación a lo que quiero decir en este apartado, que me lo estoy escribiendo a mi. Estoy, aquí sentado, frente a una computadora en la que unas manos escriben sobre un teclado, y no miento si también menciono que una mosca, que parece estar perdida, algún reflejo extraño, anda esquivando por las diferentes teclas mis dedos rápidos y automáticos, o yo no quiero aplastarla por cierta compasión que me entra imaginando el sin sentido que ella podría estar viviendo si de repente un dedo gigante, sin quererlo, le aplastase en un momento tan desorientativo como es el de que una pantalla reluciente y casi dolorosa para los ojos, en la oscuridad, fuera el único punto de referencia en el que poder sentirse segura.

No quiero perderme en mis elucubraciones...

Cuando uno amanece, o nace, acepta que ese cuerpo que está pudiendo ser experimentado por los sentidos conocidos comúnmente, sea "quién en verdad es yo". Y en ese instante, por no decir uno, yo empiezo a usar un modo de pensamiento en el que a cada experiencia le añado, en el procesamiento de la información, un "yo" delante. Y ya he complicado todo el asunto; el laberinto será tan intrincado como sinuosidades haya creado con ese "yo".

Cuando yo hablo de ese yo, hablo del yo que he creído conocer durante toda mi historia: es mi historia, es lo que he hecho, lo que he sido mientras hablaba, lo que podía almacenar en forma de información en una memoria ilimitada. Tiene su lógica, sí, el laberinto. Cada pasillo y puerta secreta forman parte de un trabajo arduo y demasiado creativo. Demasiado creativo para lo que la mente, es decir, el procesador de información es capaz de hacer en usos normales, pues en condiciones estables sólo procesa. Como algunos me han ayudado a entender, el secretario de la empresa está tomando el papel de director, y tiene más trabajo del que le estaba asignado. Entonces la pregunta es: ¿Quién es el director?¿y, dónde se ha ido que no aparece?

Pues sí aparece, y lo curioso, es que sin él, la empresa se caería. Sólo que es demasiado bondadoso, y le permitió al secretario, por su insistencia, llevar a cabo su trabajo. Pero uno podría pensar que mientras qué hace el director: pues el director, sigue dirigiendo, sólo que está esperando y es paciente, a que el secretario se dé cuenta de que ya probó suficiente, porque se ha olvidado de su original trabajo, que no está nada mal, y que sin él, todo se iría al garete. Por lo tanto, el director comprende, en su pleno amor por la empresa( es un empresario de la nueva era y quiere que su empresa aflore), que debe velar por todos los integrantes a ella; y también comprende que, de alguna manera, todo volverá a ser como antes. No tiene miedo, disfruta de lo que el secretario hace y le ayuda a escondidas para no molestar a resolver los conflictos que se le puedan aparecer. Es un director en toda regla, es el mejor amigo que podría tener. Le acepta tal como es y le ama. Sabe que pronto, el secretario le agradecerá todo lo vivido, pues es una grata experiencia poder llevar a cabo esa labor. Pero es una labor que ni el director puede abarcar, porque es muy grande. Es gigante. Infinita. El director es el que conoce que la empresa funciona porque hay alguien que la está solicitando... sin éste último, no existiría empresa alguna... Y es la bondad infinita de ese solicitante, el que le hace ser al director tan bondadoso, pues sería irrespetuoso dar menos cuando te están dando tanto.

Todo esto para entender, mientras escribía, que no soy yo el que escribía. Ni soy yo el que acaricio la melodía, ni soy el que conversa con las personas, ni soy el que juega con los niños de la sonrisa que no se acaba, ni soy el que besa esos labios que "me" besan, ni soy las emociones más bonitas ni las más tristes cuando la vida se me viene encima, toda ella, ni soy yo el que se emociona, ni soy yo el protagonista de ninguna obra de teatro, ni soy yo el que viaja por un mundo redondo, ni los compañeros que conozco son los que están ahí a fuera, ni mi cuerpo es mío cuando se enferma o se cura, ni lo que quiero estudiar es lo que yo quería, ni si yo acaso pudiera querer algo, ni yo soy la timidez que me consume, ni soy el cigarro que me fumo aunque ya no me fume ninguno, ni soy los músculos que se tensan cuando hago deporte, ni soy un hombre que anda mientras cree que el tiempo se mueve al compás, ni soy unas manos que teclean tratando de no aplastar una mosca, ni soy esos pies que caminan hasta otra comunidad cercana, ni soy mis pensamientos revueltos salsa mexicana, ni soy la composta de mis desperdicios, ni soy lo que creo haber vivido y que ahora tengo en la memoria, ni soy la hermosa amante que me mira a los ojos sabiendo que a mi me gusta mirar los suyos en silencio y no dice nada, ni soy el Internet que uso y que cada vez más pienso, y no soy este pensamiento, es telepatía electrónica, y no soy la magia ni los milagros que experimento en un día desprevenido, ni soy los fantasmas aparecidos de la noche, ni soy la llama que se vuelve incendio y me hacen pensar en agua, y no soy el sexo ni la unión ni el éxtasis que así, como una serpiente, tiembla y tiembla y se agita en amores expandidos, y no soy la receta de cocina que mi madre y mi padre me envían en correo, y no soy los nidos en los que duermo ni soy los sueños que al despertar recuerdo ni soy las ideas proféticas que se vuelven hechos ni soy el chicle que mastico ni las palabras que me como ni los dientes que se vuelven hijos míos con amor, y no soy las estrellas que en luna nueva aún he visto durante todo un anochecer indefinido, ni los parentescos familiares ni soy los filipinos que me encuentro en el camino, ni soy el artista que creo ni el músico que toco ni el psicólogo que interiorizo ni el guerrero que en paz vivo ni el hombre de los sacos del olvido ni las torturas que me aplico ni soy la tortuga galápago ni la araña con quién duermo ni las hormigas rojas bajo el suelo ni soy el peyote ni la marihuana ni la panza ni los ojos ni los dedos de energía ki ni el mantra "yo no soy" ni el otro mantra "yo soy", ni soy ni lo que entiendo ni lo que siento ni lo que muerdo ni lo que estrujo ni lo que amaso ni lo que tiendo ni lo que seco ni lo que agradezco ni lo que veo ni lo que escribo...

Y no sé cuánto más podría recitar sobre lo que no soy, hasta encontrar lo que soy...
No sé muy bien cuántas maneras hay más de saber esto con certeza.
Ahora podría pensarlo, pero quién sabe a qué conclusión llegaría, y me faltan fuerzas y la cabeza se me inclina, quiero ir a dormir y no soy quién quiere la cama...

No soy nada. Entonces Soy. Pero esto sólo lo escribo, y como hoy había leído "el ser si se habla aún no se ha entendido, sólo en su ausencia necesita de palabras".

Como no soy nada, escribo.
Sólo cuando no soy hablo sobre él.
Ahora, cuando deje de hacerlo, cuando deje de pensar en ello, probablemente, probablemente, pueda ser quién digo.

Aún no sabemos.

Pero pronto, todo se volverá distinto.

Cuando hablo de nosotros, hablo desde ese yo, y el otro que poco a poco estoy conociendo.

Estamos reconciliándonos. Somos amigos. Somos el mismo.

Adiós soy. Soy Contigo.



*A partir de hoy, este blog será un espontáneo revolver de mis pensamiento, que posiblemente, escriba a alguien que sea yo mismo. Gracias a todos.