Parangaricutirimícuaro

sábado, 20 de agosto de 2011

Agujero Negro




El agujero negro al que todos somos absorbidos tratando de zafarnos con fuerza en cualquier objeto.

Así es nuestra vida, un luchar por no ser engullidos en el oscuro y espacioso desconocimiento; sin embargo, es imposible no caer en el agujero por el que ya desde nuestro nacimiento descendemos.
Podemos agarrarnos a las raíces de los árboles, podemos tratar de golpearnos contra las paredes del gran hueco, podemos gritar en busca de alguna ayuda milagrosa... pero aunque la cabeza de un ser se asome a ver qué sucede, sólo podrá observar desde la luz de la superficie nuestro cuerpo cansado cayendo, o saltar con nosotros y cumplir nuestro destino juntos. Si cerramos los ojos para escapar de la evidencia, tarde o temprano sentiremos la necesidad de echar una ojeada para ver cuánto nos queda, y posiblemente ya llevemos un buen trecho y estemos cayendo con mayor velocidad, más profundo, más oscuro y por lo tanto contrastará fuertemente con la idea que teníamos; empezará a hacer más frío, los huesos crepitarán, dejaremos de sentir con las yemas de los dedos, lo evidente se volverá presente, lo grande pequeño, lo aparente doloroso, lo reconfortante destructivo, lo placentero odioso...
Hasta caer.
Hasta caer en el olvido y en la amnesia eterna; borrar las excusas inservibles.
Hasta caer en lo esencial y dejar de buscar los castillos en las nubes, las palabras universales, los cómodos pensamientos, las raíces de las que agarrarnos.
Hasta caer en la cuenta de que lo último que nos queda en esta caída, casi infinita,
es aceptar que caemos
es abrir los párpados
es estar tranquilo
es observar el descenso
es contemplar las diferentes capas de la tierra
es acariciar la pared
es aparecer y desaparecer
dependiendo de la perspectiva
es caer y caer y probar a agitar los brazos como alas y volar hacia "abajo", y probar a nadar en el aire, usar el agujero como tubo resonante de melodías, y descubrir que seguimos cayendo... o subiendo, muy muy rápido, tan rápido que saldremos despedidos como una bala de cañón al espacio abierto;
pero parece que nunca salimos de ahí...
parece que no nos vamos a estrellar como pensábamos, parece también que ya ni estamos en un agujero y recordamos las estrellas de colores y el universo y sentimos la gravedad cero. Ni caemos ni ascendemos, levitamos en oscuridad plena.
Se vive bien, no hay turbulencias, ni conflictos ni ilusiones: todo es y no está siendo. Nos encanta la sensación, porque somos como omnipresentes, y nuestra respiración es bien profunda, como el agujero por el que caímos, incluso puede que fueran lo mismo, y ahora estamos aquí todo el mundo en la procesión del proceso maravilloso, alegres y vivos de alma...

¿Qué alma?¿ Y mi cuerpo? ¿No levitaba?

Estoy quieto.

Todo está quieto.

Yo soy TODO.
Yo soy NADA.

¿Quién soy YO?





¿Y TÚ?

lunes, 15 de agosto de 2011

"Vuelen juntos pero jamás atados"

Decía un anciano a una pareja que se amaban incondicionalmente, tanto que querían juntarse de por vida. La enseñanza es fácil, como la vida en su simpleza. El Halcón y el Águila atados a las patas por una cuerda, lleva irremediablemente a la lucha por la libertad. Al final, el verdadero amor es... el que "es". Cuando alguien me ama y no le he pedido que me ame. Cuando alguien te da la vida, y no le has pedido que te de tanto amor. Cuando alguien te acompaña desde que abriste los ojos, y sigue aún cuando los cierras. Y por ello, nuestro amor es infinito; y si trato de delimitar "ilimitadamente" al amor es porque no consigo mostrar este sentimiento profundo más que con la experiencia misma del bombeo de la sangre por el cuerpo en un éxtasis, alado.



Desde que vivo por aquí hay algo que no me deja de rondar la mente, así como un águila volando en círculos hasta que encuentra su presa y se lanza. Mi presa es mi "soltar" a la vida, es caer en picado sin miedo a la caída, sabiendo que al acercarme al suelo sabré planear sin "planear", sabiendo que es imposible controlar lo incontrolable, y que más allá se encuentra mi -yo mismo- sonriendo al yo que se acerca, siempre tranquilo para experimentar con más intensidad la vida; y es así de paradójico como suena, porque en palabras me quedo corto si trato de relatar el devenir inexcrutable joder.

Se me viene a la mente un poema de Derek Walcott:

El amor después del amor

El tiempo vendrá
cuando, con gran alegría,
tú saludarás al tú mismo que llega
a tu puerta, en tu espejo,
y cada uno sonreirá a la bienvenida del otro,
y dirá, siéntate aquí. Come.
Seguirás amando al extraño que fue tú mismo.
Ofrece vino. Ofrece pan. Devuelve tu amor
a ti mismo, al extraño que te amó
toda tu vida, a quien no has conocido
para conocer a otro corazón,
que te conoce de memoria.
Recoge las cartas del escritorio,
las fotografías, las desesperadas líneas,
despega tu imagen del espejo.
Siéntate. Celebra tu vida.


Todos los días son un canto a la alegría, si canto.
Si canto, los pájaros cantarán conmigo, porque ya lo hacen sin mi todos los días, al amanecer y al anocher, como una canción suave y diferente a cada momento.
Cada momento puedo sacar energías de ningún sitio y abrirme en canal a los destellos que recibo; y poco a poco descubro su funcionamiento, el de la escucha contemplativa, el de la apertura, el del caminar despierto que me ayuda a conocer mis pasos, las piedras, los baches, los hoyos, las flores, los árboles y sus frutos, la brisa que refresca y el agua de los manantiales...

Hay algo que sé que muy adentro se encuentra, y sin embargo aún no lo hallo en totalidad; o en totalidad ya se encuentra en mi, pero no me quiero dar cuenta. Cuando me doy cuenta, aunque sea por un instante, se vive un esplendor sin igual y cada vez mejor, que te otorga el poder de un árbol o un oso o una gran roca, como cuando aún cansado desplegamos nuestras últimas fuerzas, como cuando aún derrotados por las presiones externas podemos aguantar con una luz en el corazón, como cuando aún cayendo al suelo sabemos que podremos levantarnos.

No me culpo, sería un error. No me engrandezco, sería un error.Y No siento que errar sea un error, sino una virtud del sabio. La gente nos puede decir que hacemos mal, pero siempre, y esto no lo digo yo, sino nuestro corazón, podemos aprender como grandes estudiantes y como excelentes profesores.

Hoy leí en una clase "la mente es como un paracaídas, sólo funciona cuando se abre".



Alto
bien alto
desde las alturas
de un cielo muy claro
bajando y volando
subiendo el tornado
llegando a lo alto,
bien alto.
Alto.

Alto
bien alto
Lejos en las nubes
fundiendo la espuma
en lluvia de llanto
que moja los suelos
y crecen los verdes
y ganan los prados
y gritan los cerros
y vibran los gallos
cantando, cantando,
la bienvenida del otro
que entra en tu mente
se cubre de perlas
que otorgas muy bellas
y salen brotando
y suben muy alto
bien alto.
Alto.

Alto
bien alto
Las mallas de acero
se rompen al canto
te dejan desnudo
aprendes y vives
desgarras tu bello
te hielas un rato
y sufres el duelo
susurras espanto
te encuentras dormido
despiertas labrado
de oro y de plata
que ofreces al suelo
festejas en días santos
albergas alegría
derramas pureza
el pus del miedo se ha ido
sólo queda miel de flores
de dioses
de ranas
de lindas mañanas
que naranja
que rojo
que blanco más claro
ahí en lo alto
bien alto.
Alto.


Frente a un acantilado, uno comprende que el salto al vacío es sólo una imaginaria y bonita aceptación de lo que irremediablemente nos sucederá algún día, mientras pétalos amarillos caen junto con nuestro cuerpo.

"Sólo muriendo cada día se produce la eterna renovación" - gracia de J. Krishnamurti.

Y como morir, es saber terminar, acabamos con un grupo Tapatío o de Guadalajara: Radaid.

lunes, 8 de agosto de 2011

Familia

Si hay alguna noción que se oye más de la cuenta, es la palabra Familia. Por mucho que uno no quiera, al final la palabra Familia surgirá suavemente acariciándote las puntas de los pelos, sólo las puntas; aunque no quiera, Familia se encuentra en cada rincón, amado y odiado; aunque no quiera, el viento que transporta los pétalos, ese viento, también susurra la palabra Familia al oído, aunque estemos un poco sordos, aunque los ojos estén llorando, aunque las piernas flaqueen cuando más fuertes deberían de sostenernos, aunque el cuerpo sude de emoción, aunque las mariposas no dejen de disfrutar volando, aunque la luz del patio de atrás tiemble como para llamar la atención; siempre se nos aparecerá ese concepto gigante, inabarcable, colorido...

Los ancianos más ancianos del mundo han ido transmitiendo enseñanzas. Que estemos aquí todavía, con una mano abierta al sol y la otra cerrada, aún viviendo esta experiencia maravillosa que es lo que llaman vida, es gracias a aquel conocimiento que no muere, sino que se prolonga en el tiempo porque es infinito y no hay nada que pueda modificarlo; una potencia así es la que nos convoca a estar juntos y estar en una soledad acompañada, la que nos quiere incluso cuando la rechazamos, la que nos llama hijos, padres, o abuelos.

La enseñanza más importante es la que no se olvida ni en tu cuerpo, porque tu cuerpo sabe mucho, demasiado, allende. Todo nos sucede gracias a que hoy seguimos con el corazón bien alto. Tan alto, tan caliente, tan luminoso, que a veces lo confundimos con otro Sol.

El polvo se va amontonando en el suelo y los pies baten la superficie, parecen buscar algo, profundo, entero, pero sólo es un pequeño movimiento; tanto dentro como fuera; ya está junto a nosotros.

Podría no estar escribiendo, y sin embargo lo estoy haciendo.
Podría no levantarme por las mañanas, y sin embargo me preparo los desayunos todas las madrugadas.
Podría no querer abrazarte, y sin embargo, algo me rodea el cuerpo y me da calor.
Podría no existir...

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Este fin de semana, las RAÍCES salieron de la Tierra para buscar nuevas fuentes de energía, y encontraron a un grupo de sabios que estaban esperando a su llegada: los huicholes, los mexicas, el clan del Oso y sus Águilas, el Taita, los danzantes de la paz, los ancianos... Todos ellos y más se reunieron para unirse como una gran Familia, norte, centro y sur de América. Mucha diversidad, una sola verdad por la que estar juntos.

Es rescatar aquello que se olvidó, pero que es imposible de olvidar porque es lo que nos hace seguir aquí.



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HOLA

Las cosas que hay en mí

rugen por no bailar

las nubes de los pies

el polvo mágico de la Tierra

batida sino levitas

Al señor has de querer

morir tú mismo sabrás

si aparece el Ángel exterminador

te quiere seguir tu venadito

magia de ultraluna

despegada en billetes rojos

comprados por plátanos fritos

que nunca serán aprobados

con mil que valga cien

la pena vete de aquí

Huichol soy yo. Tú Huichol.

-

Y así desaparecerás
junto a mí podré volar
el otro dejó de existir
soy yo el efímero fin
de dejar atrás el futuro
de no encontrar la paz
buscar en el corazón
caminos hay muchos
ven conmigo por favor
trae frutas sal mar rima
esto tiene que acabar
los estiramientos del Sol
cesaron de crujir
caían de ahí los pétalos
del suelo enverdecido de moho
y su planta rompe oro
gritando salmos queridos
no viajes sin barco
eres todo
y ahora
nada
luego
ven
voy
si
no
A Diós.


lunes, 1 de agosto de 2011

Surtido de Imágenes

Las instantáneas de un pasado cercano, que representan un pasado antiguo colapsando con los turistas inquietos de las nuevas civilizaciones:

LOS GUACHIMONTONES





Ciudad de templos que se usaban para llamar a los diferentes Dioses y clamarles diferentes plegarias; al Dios del Viento, Ehécatl, o al Dios de la Lluvia y la Fertilidad, Tlaloc. Decían que los aldeanos, los sabios y los ritualistas del pueblo se reunían para realizar un baile representativo muy peculiar: en lo alto de las pirámides circulares se subían aquellos hombres, y sin ningún medio de seguridad, con el estómago apoyado en un tronco vertical, asemejaban el vuelo de los pájaros para llamar la atención de los Dioses.

Ehécatl
Tlaloc

Otra actividad en el pueblo de los vientos, era el Juego de Pelota. Las proporciones del campo son exactas a un campo de fútbol actual, y se jugaba únicamente golpeando con la cadera, ya que si se tocaba la pelota de "Hule" ( el material de que estaba hecho, comercialmente intercambiado por sus muchas piedras obsidiana con los pueblos de la costa) inmediatamente se le expulsaba al jugador infractor del juego. Los historiadores cuentan que quienes perdían el partido, era tal su deshonra, que no podía volver a jugar al Juego de Pelota nunca más junto con algunas otras formas de marginación. Pero lo sorprendente, dentro de nuestra cosmovisión, era que los ganadores o el mejor jugador de los ganadores se ofrecía a un sacrificio a los Dioses, para entrar por la puerta grande al supramundo y aparecer junto a las estrellas.



Desde ahí, se podía observar esto:


Y el recorrido turístico lo hicimos un grupo de manitos espontáneos, muy queridos.