Si hay alguna noción que se oye más de la cuenta, es la palabra Familia. Por mucho que uno no quiera, al final la palabra Familia surgirá suavemente acariciándote las puntas de los pelos, sólo las puntas; aunque no quiera, Familia se encuentra en cada rincón, amado y odiado; aunque no quiera, el viento que transporta los pétalos, ese viento, también susurra la palabra Familia al oído, aunque estemos un poco sordos, aunque los ojos estén llorando, aunque las piernas flaqueen cuando más fuertes deberían de sostenernos, aunque el cuerpo sude de emoción, aunque las mariposas no dejen de disfrutar volando, aunque la luz del patio de atrás tiemble como para llamar la atención; siempre se nos aparecerá ese concepto gigante, inabarcable, colorido...
Los ancianos más ancianos del mundo han ido transmitiendo enseñanzas. Que estemos aquí todavía, con una mano abierta al sol y la otra cerrada, aún viviendo esta experiencia maravillosa que es lo que llaman vida, es gracias a aquel conocimiento que no muere, sino que se prolonga en el tiempo porque es infinito y no hay nada que pueda modificarlo; una potencia así es la que nos convoca a estar juntos y estar en una soledad acompañada, la que nos quiere incluso cuando la rechazamos, la que nos llama hijos, padres, o abuelos.
La enseñanza más importante es la que no se olvida ni en tu cuerpo, porque tu cuerpo sabe mucho, demasiado, allende. Todo nos sucede gracias a que hoy seguimos con el corazón bien alto. Tan alto, tan caliente, tan luminoso, que a veces lo confundimos con otro Sol.
El polvo se va amontonando en el suelo y los pies baten la superficie, parecen buscar algo, profundo, entero, pero sólo es un pequeño movimiento; tanto dentro como fuera; ya está junto a nosotros.
Podría no estar escribiendo, y sin embargo lo estoy haciendo.
Podría no levantarme por las mañanas, y sin embargo me preparo los desayunos todas las madrugadas.
Podría no querer abrazarte, y sin embargo, algo me rodea el cuerpo y me da calor.
Podría no existir...
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Este fin de semana, las RAÍCES salieron de la Tierra para buscar nuevas fuentes de energía, y encontraron a un grupo de sabios que estaban esperando a su llegada: los huicholes, los mexicas, el clan del Oso y sus Águilas, el Taita, los danzantes de la paz, los ancianos... Todos ellos y más se reunieron para unirse como una gran Familia, norte, centro y sur de América. Mucha diversidad, una sola verdad por la que estar juntos.
Es rescatar aquello que se olvidó, pero que es imposible de olvidar porque es lo que nos hace seguir aquí.
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HOLA
Las cosas que hay en mí
rugen por no bailar
las nubes de los pies
el polvo mágico de la Tierra
batida sino levitas
Al señor has de querer
morir tú mismo sabrás
si aparece el Ángel exterminador
te quiere seguir tu venadito
magia de ultraluna
despegada en billetes rojos
comprados por plátanos fritos
que nunca serán aprobados
con mil que valga cien
la pena vete de aquí
Huichol soy yo. Tú Huichol.
-
Y así desaparecerás
junto a mí podré volar
el otro dejó de existir
soy yo el efímero fin
de dejar atrás el futuro
de no encontrar la paz
buscar en el corazón
caminos hay muchos
ven conmigo por favor
trae frutas sal mar rima
esto tiene que acabar
los estiramientos del Sol
cesaron de crujir
caían de ahí los pétalos
del suelo enverdecido de moho
y su planta rompe oro
gritando salmos queridos
no viajes sin barco
eres todo
y ahora
nada
luego
ven
voy
si
no
A Diós.
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